
Mini Cursos: Consultoría Organizacional:
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Consultoría Organizacional
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Es un trabajo (servicio)
independiente: tiene implícita
la imparcialidad, |
Consideramos
los enfoques como complementarios y no
como opuestos. La consultoría puede
enfocarse como un servicio profesional o
como un método de prestar asesoramiento
y ayuda prácticos. Es indudable que la
consultoría se ha transformado en un
sector específico de actividad
profesional y debe tratarse como tal. De
modo paralelo, la consultoría es también
un método de coadyuvar con las
organizaciones y el personal de
dirección en el mejoramiento de las
prácticas de gestión, así como del
desempeño individual y colectivo. El
método lo pueden aplicar, y lo aplican,
muchas personas técnicamente competentes
cuya principal ocupación no es la
consultoría, sino la enseñanza, la
capacitación, la investigación, la
elaboración de sistemas, la presentación
de asistencia técnica a los países en
desarrollo en misiones de breve
duración, etc. Para ser eficaces, esas
personas tienen que dominar los
instrumentos y las técnicas de
consultoría y respetar las normas de
conducta fundamentales de la profesión
de consultor.
En este material se ha optado por
abordar las necesidades de los dos
grupos de personas a que está destinado.
Aunque se ha redactado pensando
primordialmente en los consultores
profesionales y los académicos que
combinan su trabajo docente con esta
actividad , también se han tenido
presentes las necesidades de cualquier
otra persona que intervenga a título
consultivo, aunque no sea un consultor
con las características antes
mencionadas lo cual es el caso
especifico de los consultores internos .
Conviene señalar algunas características
particulares de la consultoría a las
cuales se hizo somera referencia y
resulta importante profundizar un poco
más.
Ayuda profesional a las personas que
dirigen empresas
Ya se practique como una ocupación de
dedicación completa o como un servicio
técnico prestado en casos concretos, la
consultoría proporciona conocimientos
teóricos y técnicas profesionales que
sirven para resolver problemas prácticos
de gestión. Una persona se convierte en
un consultor después de haber acumulado,
gracias al estudio y a la experiencia
práctica, un considerable acervo de
conocimientos sobre diversas situaciones
empresariales. Asimismo, debe haber
adquirido las técnicas necesarias para
resolver los problemas y compartir la
experiencia con otros con respeto a la
determinación de los problemas, el
hallazgo, análisis y síntesis de la
información pertinente, la presentación
de propuestas de mejoras, la
comunicación con los demás, la
planificación de los cambios, la
superación de la resistencia al cambio,
la ayuda a los clientes para que
aprendan de la experiencia, la
transferencia de técnicas de gestión
entre países, etc.
Podría objetarse que los directores de
las organizaciones tienen también que
dominar todos estos conocimientos y
técnicas y que la situación de cada
organización es única. En consecuencia,
¿qué se puede ganar con la participación
de un recién llegado que no está
familiarizado con una situación dada.
A lo largo de los años, los consultores
pasan por muchas organizaciones y
aprenden a utilizar la experiencia
adquirida en las tareas anteriormente
desempeñadas para ayudar a sus nuevos
clientes, o a sus viejos clientes, a
hacer frente a nuevas situaciones. Como
han de trabajar en circunstancias muy
diferentes, los consultores aprenden a
discernir las tendencias generales y las
causas comunes de los problemas y tienen
grandes posibilidades de hallar una
solución apropiada; aprender a abordar
nuevos problemas y a tener en cuenta
nuevas oportunidades. Además, los
consultores profesionales se mantienen
constantemente al día de todo lo que se
publica sobre dirección y administración
de empresas y de los cambios en los
conceptos, métodos y sistemas
relacionados con este campo, incluidos
los que tienen su origen en
universidades e instituciones de
investigación. Funcionan, por tanto,
como un vínculo entre la teoría y la
práctica de la dirección de empresas.
Hasta para un director excelente, un
consultor puede siempre aportar algo
nuevo a la organización.
SERVICIO
CONSULTIVO
La consultoría es en lo esencial un
servicio de asesoramiento. Esto
significa que los consultores no se
contratan para que dirijan
organizaciones o adopten decisiones
delicadas en nombre de la dirección. Son
asesores y no tienen ninguna facultad
directa para decidir cambios y
aplicarlos. De lo único que responden es
de calidad e integridad de su
asesoramiento; los elementos asumen toda
la responsabilidad que se derive de la
aplicación de sus consejos. Por
supuesto, en la práctica de la
consultoría existen múltiples variantes
y grados de “asesoramiento”. La práctica
básica y el arte del consultor estriban
no sólo en dar el consejo correcto, sino
en darlo de manera adecuada, a la
persona debida y en el momento oportuno.
El cliente, a su vez, ha de aprender a
solicitar y utilizar hábilmente los
consejos del consultor. Estos elementos
son tan importantes que es conveniente
recordarlos en todos los instantes del
trabajo de los consultores y del cliente
que contrata sus servicios.
SERVICIO
INDEPENDIENTE
La consultoría es un servicio
independiente. Un consultor debe estar
en consideraciones de hacer su propia
evaluación de cualquier situación, decir
la verdad y recomendar con franqueza y
objetividad las medidas que ha de
adoptar la organización cliente sin
pensar en sus propios intereses. Esta
independencia del consultor tiene
múltiples facetas y en algunos casos
puede ser un asunto muy delicado.
La
independencia financiera significa
que el consultor no obtiene ningún
beneficio de la medida adoptada por el
cliente, por ejemplo la decisión de
comprar una determinada marca de equipo.
El deseo de obtener en el futuro otros
contratos con el mismo cliente no debe
influir en la objetividad del
asesoramiento prestado en la tarea
presente.
La independencia administrativa
implica que el consultor no es un
subordinado del cliente y no se ve
afectado por sus decisiones
administrativas. Aunque esto no planea
ningún problema a las organizaciones de
consultoría autónomas, es un problema,
en cambio, bastante complejo, aunque no
insuperable, en la consultoría interna.
La independencia política
significa que ni los directores ni los
empleados de la organización cliente
pueden influir en el consultor
oficiosamente, recurriendo a autoridades
o conexiones políticas, a su pertenencia
a algún partido político o a otras
influencias semejantes.
La independencia emocional
significa que el consultor mantiene su
distancia emocional, independientemente
de la amistad y otras afinidades de tipo
emotivo que puedan existir al comienzo o
que se creen durante la realización del
cometido.
Límites
de la consultoría
Existen numerosos casos de misiones
exitosas realizadas por algunos
consultores del mundo que han evitado la
quiebra de compañías o han dado nueva
vida a organizaciones que envejecían. Se
ha ido formando así la idea de que las
oficinas de consultoría puedan resolver
prácticamente cualquier dificultad de
gestión. Sin embargo, los consultores no
disponen de una varita mágica para
resolver todas las cuestiones candentes.
Sería un error suponer que, una vez
contratado un consultor, la dirección
puede dormir tranquila porque alguien se
va a ocupar de los problemas. Hay
situaciones en que nadie puede servir de
ayuda. Y si la ayuda es todavía posible,
para que una consultoría resulte eficaz
hará falta un trabajo arduo, sistemático
y disciplinado basado en el análisis de
los hechos reales y en una búsqueda de
soluciones imaginativas, pero factibles.
Para conseguir resultados son tan
importantes un decidido empeño de la
dirección en mejorar el rendimiento de
la organización y una eficaz
colaboración cliente – consultor como la
calidad del asesoramiento técnico de
éste.
¿POR QUÉ ES NECESARIO EL TRABAJO DE
LOS CONSULTORES?
No que queda duda alguna de que los
consultores existen y existirán ya que
sus servicios satisfacen necesidades y
existen clientes que los demandan.
En general, los directores recurren a
los consultores si se dan cuenta de que
necesitan ayuda para resolver algún
problema. El trabajo del consultor
comienza cuando una situación
determinada se considera insatisfactoria
y/o susceptible de mejora; idealmente,
termina con una situación en que se ha
producido un cambio, que se debe valorar
como una mejora. Directa e
indirectamente, todos los cambios
originados y llevados a cabo con la
ayuda del consultor deben contribuir a
mejorar la calidad de la dirección y a
lograr un funcionamiento bueno o
excelente de la organización. Estos son
los objetivos primordiales del empleo de
consultores, aún cuando “mejoramiento de
la dirección”, “buen funcionamiento de
la organización” o “funcionamiento
excelente de la organización” son
conceptos relativos cuyo significado
exacto se ha de definir en el contexto
de cada organización.
A continuación se enumeran las
principales razones prácticas que
inducen a un director o gerente a
solicitar la ayuda de consultores.
• Para que aporten conocimientos y
técnicas especiales.
Se puede recurrir a consultores cuando
una organización carece de las personas
capaces de abordar un problema con la
misma posibilidad de éxito. Para ello se
requieren a menudo métodos y técnicas
especiales en que el consultor es un
experto.
En otros casos, el problema puede ser de
carácter general, si la organización no
consigue alcanzar su objetivo principal,
y los conocimientos especializados
requeridos pueden tener relación con el
diagnóstico, la estrategia, la
planificación, la coordinación, los
sistemas de información u otras
cuestiones generales análogas. Puede
ocurrir también que la dirección de la
organización comprenda que se requieren
mejoras, pero la organización no cuente
con capacidad y experiencias suficientes
para planificar, poner en marcha y
llevar a cabo con eficacia un proceso
difícil de cambio. El consultor puede
aportar esos conocimientos
especializados, hacer comprender al
cliente los procesos y las relaciones de
la organización y ayudarlo a definir y
aplicar una estrategia apropiada para el
cambio.
No es inhabitual que una organización no
posea ciertos conocimientos o técnicas
que podrían serle de gran utilidad, y
ello no es forzosamente un indicio de
incompetencia. El ritmo de los cambios
en el medio ambiente y en las técnicas
de dirección es tan acelerado, y las
necesidades de las organizaciones tan
diversas, que incluso entidades muy
importantes y poderosas pueden carecer
de recursos internos para tratar de
ciertos problemas nuevos y aprovechar
nuevas oportunidades. En tales casos,
los consultores pueden ser de ayuda.
• Para que aporten una intensa ayuda
profesional con carácter temporal.
En otras situaciones, la organización
puede disponer de los conocimientos
técnicos requeridos, pero los directores
de alto nivel o los especialistas del
personal tienen que concentrarse en un
trabajo a fondo y constante sobre un
problema o proyecto principal. El
funcionamiento cotidiano de la
organización les deja escaso tiempo y no
es fácil ocuparse simultáneamente de
cuestiones prácticas y conceptuales. Los
consultores no sólo aportan el tiempo,
sino que dejan la organización una vez
que han terminado su contenido.
• Para que aporten una opinión
externa imparcial.
Incluso los mejores elementos de una
organización puede estar demasiado
influidos por su participación personal
y por las tradiciones y valores
existentes para captar un problema en su
verdadera dimensión y pensar en
soluciones factibles. En cambio, debido
a su independencia de la organización
del cliente y a que no está influido por
los hábitos de la organización, un
consultor puede aportar un nuevo punto
de vista y ser imparcial en situaciones
donde ningún miembro de la organización
los sería. Algunos directores y gerentes
han adoptado la práctica de recurrir a
un consultor como a un colaborador
secreto con el que examinan todas las
decisiones importantes antes de
adoptarlas.
• Para que justifiquen las decisiones
de la dirección.
En ocasiones se pide a los consultores
que realicen tareas y presenten informes
con el fin de que un director pueda
justificar su decisión refiriéndose a
las recomendaciones de los consultores.
En otras palabras, un director puede
haber determinado sus objetivos y
adoptado su decisión, pero quiere poder
decir que está aplicando sugerencias
hechas por un consultor independiente.
Un consultor que acepta este tipo de
compromiso es arrastrado a penetrar en
el oculto y complicado mundo de la
política interna de la empresa. Su
informe desempeñará una función
política, además de su contenido
técnico. Este papel puede ser
constructivo y útil, por ejemplo, si un
director tropieza con una fuerte
resistencia para introducir cambios que
su organización tendrá que hacer de
cualquier modo y necesita remitirse a la
competencia del consultor. No obstante,
puede también suceder que un consultor
caiga en una trampa y que su informe se
utilice indebidamente a favor de una
determinada política de la organización
y para defender intereses creados o
intereses de grupo. Una evaluación
independiente e imparcial de cada
situación ayuda al consultor a evitar
ser utilizado como punta de lanza de una
decisión preelaborada y es deber del
consultor incluir este tema en en las
conversaciones y definiciones de roles
de ser necesario.
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