Lección 7
Características complementarias del
líder
En esta lección destacaremos
aquellas
otras características del líder,
asimismo importantes, que permiten
fortalecer su papel.
Trabajador:
el líder debe mostrar una
gran dedicación al trabajo,
debe predicar con el ejemplo,
trabajar duro, que el grupo vea que
está volcado con la empresa.
Uno no puede exigir a sus empleados
mayor dedicación si no predica con
el ejemplo.
Pero el líder debe ser capaz de
llevar una
vida equilibrada,
de
compaginar su actividad profesional
con su faceta personal, familiar,
social,
etc.
El líder debe demostrar a sus
empleados que es perfectamente
compatible una gran dedicación
profesional con una rica vida
privada.
El entusiasmo, la energía, la
ilusión que exige el liderazgo sólo
se consigue con una vida intensa,
entretenida, variada.
El líder es una persona que sabe
disfrutar de los placeres de la
vida.
Perseverante:
las metas que fija el líder son
difíciles de alcanzar y tan sólo con
un
esfuerzo sostenido
se pueden lograr.
Los obstáculos serán numerosos y en
ocasiones pueden flaquear las
fuerzas. Tan sólo la perseverancia
(una auténtica obsesión por alcanzar
los objetivos) permitirá triunfar en
el empeño.
Flexible:
las circunstancias son cambiantes,
lo que hoy vale puede que no valga
mañana, los colaboradores tienen sus
propios criterios y en ocasiones
pueden ser más acertados que los del
líder.
El líder que se atrinchera en sus
posiciones está llamado al fracaso,
además daría una muestra de soberbia
que le llevaría a perder la simpatía
del grupo.
Un auténtico líder no teme que por
cambiar su punto de vista o por
aceptar la opinión de un subordinado
esté dando muestras de debilidad.
Todo lo contrario, proyectaría una
imagen de persona abierta,
dialogante, flexible, pragmática,
que contribuiría a aumentar su
prestigio entre los colaboradores.
Autodominio:
el líder es el referente del equipo,
debe ser
capaz de controlar sus emociones,
especialmente en los momentos
delicados; no puede mostrar su
abatimiento ante un suceso negativo
(si él cae, la organización se
derrumba).
El líder tiene que ser una persona
fuerte, capaz de mostrar serenidad e
infundir tranquilidad en los
momentos más difíciles.
El líder determina en gran medida el
estado de ánimo de la organización.
Si el líder se muestra optimista,
animado, con energía, la plantilla
se contagiará de este estado. Si por
el contrario, se muestra pesimista,
desanimado, preocupado (y lo
manifiesta), el ánimo de la
organización se hundirá.
Prudente:
aunque el líder sea una persona que
asume riesgos, no por ello deja de
ser prudente.
Es el último responsable de la
empresa; el bienestar de muchas
familias depende de él, por lo que
no se puede permitir el lujo de
actuar de manera irresponsable.
El líder conoce los puntos fuertes y
las debilidades de su organización,
respeta a sus adversarios,
asume riesgos controlados
tras un análisis riguroso.
El líder tiene que luchar contra el
endiosamiento,
entendido como un exceso de
autosuficiencia que le puede llevar
a perder la prudencia.
Realista:
el líder está siempre
con los pies en el suelo,
sabe compaginar su visión del largo
plazo con el día a día, conoce las
dificultades que conllevan sus
objetivos, el esfuerzo que exige a
los empleados. También conoce sus
propias limitaciones.
Justo:
el líder debe
ser
(y parecer)
una persona justa,
tanto en la exigencia como en el
reconocimiento, y debe preocuparse
porque la organización así lo
perciba.
No puede dar lugar a agravios
comparativos.
El líder debe reconocer los aciertos
y fallos de sus colaboradores de
manera objetiva, debe ser igual de
exigente con todos y ecuánime en las
recompensas.
Los empleados
entienden y aceptan que se les
exija, lo que
no tolerarán nunca
será
la injusticia.
Humano:
el líder es una
persona cercana, próxima, cálida,
comprensible.
Esta cualidad es básica lograr no
sólo el respeto del equipo, sino
también su aprecio.
El ser una persona exigente y
rigurosa,
el tener que utilizar en ocasiones
su autoridad,
no tiene por qué estar reñido con
mostrase de una manera sencilla y
natural,
preocupado por su gente.
Resulta absurda
(y contraproducente) la
actitud de muchos altos directivos
(que no líderes)
de mostrarse altivos, fríos,
distantes.
Accesible:
el líder tiene que ser una persona
accesible para su equipo,
tiene que estar disponible para
cualquier empleado de la empresa que
tenga algo que decirle.
Si quieres que la organización esté
contigo, te tienen que conocer, ver
que eres uno más de ellos. Si
quieres que te aprecien tienes que
darle la oportunidad de que te
traten.
Un líder distante difícilmente
motiva;
en el mejor de los casos produce
indiferencia y en el peor origina
rechazo.
Humilde:
la humildad implica reconocer las
propias limitaciones, saber escuchar
y pedir consejos, reconocer los
errores que uno comete y los
aciertos de los demás.
La humildad no es síntoma de
debilidad,
sino de persona realista, con los
pies en la tierra. La humildad ayuda
a ganar el respeto del equipo.
El líder que va de prepotente
dispone a la organización en su
contra.
Generoso:
la generosidad es fundamental en
todo líder. Los empleados han
depositado en él su confianza, pero
además de interesarles el futuro de
la empresa, les preocupa su
situación personal.
La relación profesional no deja de
ser una transacción en la que el
trabajador aporta su trabajo a
cambio de un salario, una carrera
profesional, un aprendizaje, un
reconocimiento, etc.
Si el líder es exagerado en su nivel
de exigencia, debe ser igualmente
generoso en las retribuciones,
reconocimientos y premios.
Culto:
El líder debe preocuparse por
desarrollarse personalmente, por
alcanzar un elevado nivel cultural.
El líder tendrá que tratar con
numerosas personas, hablar en
público, presidir reuniones, atender
visitas, etc., y en todo momento
debe saber moverse con soltura (es
el representante de la empresa).
El conocimiento es fuente de ideas,
muchas de las cuales podrá aplicar
en la gestión de su organización.
Inquieto:
el líder es una
persona inconformista,
que le gusta indagar, aprender de la
gente. Esta inquietud le lleva a
estar permanentemente investigando
nuevas alternativa, a ir por delante
del resto.
En el mundo actual, una persona
conformista termina quedándose
obsoleta inmediatamente.
Con sentido del humor:
el humor es fundamental en la vida,
siendo especialmente útil en los
momentos de dificultad.
La gente se identifica con aquellas
personas que saben ver el lado
divertido de la vida.
El líder que abusa de la seriedad y
de los formalismos difícilmente
consigue generar entusiasmo entre
sus empleados.
El líder tiene que tener claro que
hay momentos para las formalidades y
momentos para cierto desenfado y no
por ello va a perder el respeto de
su equipo, sino que, todo lo
contrario, conseguirá estrechar los
lazos con sus colaboradores.
Optimista:
el optimismo es contagioso,
se expande al resto de la
organización.
El optimista es una persona que no
teme las dificultades,
que ve los obstáculos perfectamente
superables; esto le lleva a actuar
con un nivel de audacia que le
permite alcanzar algunas metas que
una persona normal ni siquiera se
plantearía.
Además, la persona optimista
se recupera rápidamente de los
fracasos
y tiende siempre a mirar hacia
adelante.
En buena forma física:
el líder tiene que cuidarse, llevar
una vida sana, hacer deporte, cuidar
su alimentación, descansar.
Es la única forma de poder rendir al
100% en el trabajo.
Lección 8
El antilíder
En las dos lecciones anteriores
hemos enumerado las cualidades que
todo líder debe poseer. Por
oposición a ellas tendríamos
aquellas otras que caracterizarían
al
antilíder.
No obstante, vamos a señalar algunas
de las más relevantes:
Soberbio:
se cree en posesión de la verdad,
no escucha, no pide consejos, no
acepta otros puntos de vista, no
sabe reconocer sus errores, no
reconoce sus propias limitaciones.
Todo ello le puede llevar a cometer
errores muy graves que pongan en
peligro el futuro de la empresa,
aparte de que este modo de
comportarse genera un fuerte rechazo
entre los empleados.
Incumplidor:
promete y no cumple,
su equipo se esfuerza esperando
conseguir la recompensa prometida y
ésta no se produce. Esto le lleva a
perder toda credibilidad.
El equipo pierde su confianza en él
y no va a estar dispuesto a seguir
realizando esfuerzos adicionales.
Temeroso:
es una persona que se siente
insegura,
lo que le lleva a ser extremadamente
celosa de su parcela de poder.
Tiene miedo a que alguien le pueda
hacer sombra y ello le lleva a
rodearse de gente mediocre.
Es una persona acomplejada, el miedo
a mostrar debilidad le lleva a
rechazar consejos, a no escuchar, a
no permitir que la gente de su
equipo brille.
Este tipo de ejecutivo termina
siendo
despreciado por su equipo.
Apagado:
un líder apagado
difícilmente va a ser capaz de
generar entusiasmo
en su equipo. Si el líder carece de
energía, de optimismo, de empuje
poco va a poder motivar a sus
empleados.
Rehuye el riesgo:
el líder debe luchar por unos
objetivos, unas metas difícilmente
alcanzables; esto le obliga a
transitar por caminos desconocidos,
a asumir riesgos.
La persona que evita el riesgo a
toda costa es un conformista que se
contenta con lo que tiene y que
difícilmente va a ser capaz de
conducir la empresa a ningún destino
interesante.
En un mundo tan cambiante como el
actual, no moverse es sinónimo de
perder.
Deshonesto:
cuando el directivo carece de unos
sólidos principios éticos no es de
extrañar que termine
cometiendo injusticias.
El equipo difícilmente va a seguir a
una persona de la que no se fía; más
bien terminará despreciándola.
Falto de visión:
el líder consigue el apoyo de la
organización a cambio de ofrecerle
un proyecto realmente estimulante:
el líder vende ilusiones.
Si el jefe carece de proyecto, ¿qué
es lo que le va a ofrecer a su
equipo?,
¿continuidad? Eso lo puede hacer
cualquiera.
Además, como ya se ha señalado, la
continuidad es hoy en día la vía más
rápida hacia la desaparición.
Egoísta:
una persona cuya
principal
(y a veces única)
preocupación son sus propios
intereses
difícilmente va a conseguir el apoyo
de su equipo.
Los empleados se darán cuenta
inmediatamente del riesgo que corren
confiando su destino a esta persona,
por lo que tratarán por todos los
medios de apartarlo de la dirección.
Iluminado:
el líder es una persona que se
adelanta al futuro, pero manteniendo
siempre los pies en la tierra, sin
dejar de ser realista.
Si los objetivos que propone el
líder son a todas luces utópicas, la
gente perderá su confianza en él.
El puesto de trabajo es un tema muy
serio y la plantilla no va a
permitir embarcarse en aventuras con
final incierto.
Un iluminado puede poner en riego el
futuro de la empresa.
Autoritario:
el jefe que basa su dirección en el
empleo del miedo puede conseguir a
veces muy buenos resultados en el
corto plazo, pero termina
inexorablemente dañando a la
organización.
Los miembros de su equipo
aprovecharán la mínima oportunidad
para cambiar de trabajo.
Nadie soporta a un tirano.
El ambiente que genera es muy tenso,
la gente actuará sin iniciativa, irá
al trabajo sin entusiasmo, y así
difícilmente va a ser capaz de dar
lo mejor de sí.
Lección 9
Líder carismático
El
carisma
se puede definir como una
facilidad innata de hacerse querer,
es un poder de atracción, es puro
magnetismo personal.
El carisma tiene un
fundamento esencialmente genético:
Unos (pocos) nacen con carisma y
otros (la mayoría) no.
No obstante, aunque resulta muy
difícil adquirirlo,
sí se pueden aprender ciertas
técnicas que permiten suplir
parcialmente su ausencia
o a realzar aún más el carisma que
uno ya posee.
Es muy difícil precisar por qué una
persona tiene carisma y otra no,
pero la realidad es que el primero
"enamora" y el segundo produce
"indiferencia".
El líder carismático genera
admiración.
El carisma facilita enormemente el
camino hacia el liderazgo,
si bien
no es una condición indispensable:
Se puede ser un extraordinario líder
sin tener carisma y se puede tener
muchísimo carisma y no ser un líder.
La característica que define a un
líder carismático es su
capacidad de seducir,
tiene una personalidad enormemente
atractiva con la que consigue atraer
a los demás miembros del grupo.
El carisma permite unir el grupo
alrededor del líder.
El líder carismático suele ser
también un
gran comunicador,
tiene un poder natural de
persuasión.
Ante el líder carismático el equipo
suele perder cierta objetividad. El
líder carismático disfruta
normalmente de un juicio benévolo
por parte de sus subordinados.
Se le "perdonan" los fallos y se
mitifican sus logros.
El problema que plantea el líder
carismático es que
la organización puede hacerse
excesivamente dependiente de él.
Es muy difícil encontrar a un
sustituto
ya que eclipsará a cualquier
aspirante a sucederle.
Un peligro que acecha especialmente
al líder carismático es la
facilidad de caer en el
endiosamiento.
El grupo le rinde tanta pleitesía
que no es extraño que pierda el
sentido de la realidad
Lección 10
Persona de acción
El líder es ante todo una
persona de acción.
No se limita a definir la estrategia
de la empresa, sino que
una vez que ha fijado los objetivos
luchará con denuedo hasta
conseguirlos.
Una visión, un objetivo, etc. sólo
son valiosos en la medida en la que
uno esté dispuesto a luchar por
ellos.
Una persona que se limitara a fijar
unas metas pero que no se emplease a
fondo en su consecución difícilmente
podría ser un líder.
El valor de su aportación sería
limitado. Su función sería más bien
la de un asesor, pero nunca la de un
líder.
El líder quiere resultados palpables
y se va a poner al frente de su
equipo para conseguirlos.
Además
no quiere resultados en el largo
plazo, los quiere ya, ahora
(el tiempo es oro).
Por este motivo,
resulta muy útil no limitarse a
fijar objetivos en el largo plazo
sino establecer también metas
menores en el corto plazo,
que marquen el camino hacia el
objetivo final.
Estas metas a corto plazo permiten
transmitir un mensaje de premura a
la organización (el largo plazo se
ve muy lejano, pero el corto plazo
es inmediato, no hay tiempo que
perder).
La filosofía
que preside el modo de actuar
del líder
es que
no vale simplemente con estar
ocupado
(dedicar tiempo al trabajo, pasar
muchas horas en la oficina), sino
que
hay que obtener resultados.
El líder premiará a sus subordinados
por los resultados alcanzados y no
simplemente por el tiempo dedicado.
No obstante, también sabe valorar a
aquel empleado que pone todo su
empeño en el intento aunque los
resultados no le acompañen.
La persona de acción es una persona
que
sabe tomar decisiones
con agilidad,
que se enfrenta a los problemas tan
pronto se presentan, que no permite
que las cosas se demoren en el
tiempo.
El líder piensa en el largo plazo
pero trabaja en el corto plazo:
si el problema surge hoy hay que
abordarlo hoy mismo y no dentro de
unos días.
Si hoy se ha tomado una decisión, se
pondrá en práctica hoy mismo y se
pedirán resultados mañana.
Este modo de actuar no quiere decir
que el líder actúe alocadamente. Muy
al contrario, le dedicará a los
problemas el tiempo de reflexión y
de consulta que sea necesario,
analizará las posibles alternativas,
consultará con quien tenga que
hacerlo. Pero todo ello con el
convencimiento de que el tiempo
apremia.
El tiempo de reflexión y análisis no
se puede prolongar ni un segundo más
de lo estrictamente necesario.
La mayoría de las veces
es preferible adoptar hoy una
decisión suficientemente buena que
la mejor decisión dentro de un mes.
El líder no admite un NO por
respuesta;
buscará vías alternativas y se
rodeará de personas que funcionen de
la misma manera.
El líder es una persona de coraje,
no se amilana ante los obstáculos.
El líder
va a exigir a su equipo que funcione
de forma similar.
Prefiere que sus colabores tomen
decisiones, aunque se equivoquen.
Se rodea de gente de acción,
personas con ganas de hacer cosas.
Fomenta en la empresa una cultura
orientada a la acción.
Lección 11
Aceptar el cambio
Actualmente vivimos en un
mundo en permanente cambio,
en el cual lo que un día vale queda
desfasado al día siguiente. Esto
exige a cualquier empresa
estar en un
estado de alerta permanente.
Este escenario de continua
transformación exige a la
organización
estar abierta al cambio, a la
adaptación.
En un mundo tan competitivo como el
actual la empresa no se puede
permitir el lujo de ir a remolque.
Esta inestabilidad suele generar
ansiedad.
La gente, por regla general, es
reacia al cambio, lo rehuye, teme lo
nuevo, lo desconocido. Este temor
suele provocar una
actitud contraria a la innovación,
en la que no se reacciona hasta que
no hay más remedio, cuando
normalmente ya es demasiado tarde.
Reaccionar tarde implica perder
oportunidades
de negocio y ceder ventaja a los
competidores.
Adaptarse a los nuevos tiempos es
absolutamente necesario para
garantizar la supervivencia de la
empresa.
Al líder no sólo no le preocupa el
cambio, sino que encuentra en él una
fuente de oportunidades.
Sabe que si reacciona antes que los
competidores tiene muchas
posibilidades de ganar.
El líder promueve en la empresa una
cultura favorable al cambio.
El líder trata de anticiparse al
cambio,
trata de promoverlo, busca
liderarlo.
Combate el continuismo
(esto se hace así porque siempre se
ha hecho así), cuyos efectos pueden
ser realmente nocivos.
Rompe con la inercia de lo
establecido; se llega incluso a
enfrentar con el poder para impulsar
el cambio.
Se puede hablar de
dos tipos de cambio:
Un cambio que ocurre de imprevisto,
de la noche a la mañana, como un
shock que todo el mundo percibe.
Este cambio es tan evidente que la
empresa lo percibe inmediatamente y
reacciona.
Pero hay
un cambio mucho más peligroso que es
el cambio paulatino,
el que se produce de manera gradual,
casi imperceptible, lo que hace que
resulte muy difícil detectarlo.
Cuando la empresa quiere reaccionar
ya es demasiado tarde, se ha quedado
fuera del juego.
Sólo una persona que mira al futuro,
que está permanentemente oteando el
horizonte buscando cualquier indicio
de evolución, es capaz de percibir
estos cambios graduales en su etapa
inicial, con tiempo para reaccionar
y ganar terreno a los competidores.
El líder trata continuamente de
anticipar los posibles escenarios
futuros,
tomando las medidas oportunas para
estar preparados.
Además, en estos momentos de
inestabilidad
el líder infundir confianza a sus
empleados.
Transmitir la sensación de que todo
está bajo control, de que la
organización tiene un timonel que
está alerta y preparado, y que sabrá
guiar con éxito su destino.
Lección 12
Correr riesgos
El líder es consciente de que
en ocasiones hay que asumir riesgos.
Hay momentos en los que hay que
tomar decisiones sin disponer de
toda la información que uno
quisiera. No está absolutamente
claro cual es la decisión más
acertada, pero hay que tomar una
decisión.
En este escenario de incertidumbre
el líder no se bloquea y toma la
decisión que estima más oportuna,
sabiendo que cabe la posibilidad de
no acertar.
En otras ocasiones se presentan
oportunidades.
A veces no están totalmente
definidas, pero si se saben
aprovechar pueden ser muy
beneficiosas para la empresa.
Esto obliga en ocasiones al líder a
tener que "apostar";
aunque estas decisiones se han
analizado todo lo que se ha podido
no dejan de conllevar un elevado
riesgo.
Son decisiones que pueden exigir
inversiones cuantiosas. El líder
trata de anticiparse a los
competidores: si acierta la empresa
puede obtener importantes ganancias,
si se equivoca serán recursos
desperdiciados.
El líder asume este riesgo, sabiendo
que puede ganar o perder.
Lo fundamental en situaciones de
este tipo es:
Demostrar a la organización que el
líder es una persona de coraje
que no se esconde ante el riego y
que sabe dar un paso adelante cuando
es necesario.
Cuando se corren riesgos no son
decisiones caprichosas,
no se basan en meras corazonadas del
líder, sino que son decisiones
estudiadas, consultadas con su
equipo (especialmente si el riesgo
es elevado) y que se toman porque no
tomar ninguna decisión implicaría
correr un riesgo todavía mayor
(perder oportunidades, quedar por
detrás de los competidores, ceder
mercados, quedarse obsoletos, etc.).
Los riesgos que se corren son
asumibles:
si la decisión resulta equivocada la
empresa resultará perjudicada, pero
podrá superarlo, no va a sucumbir.
Lo que no se pueden tomar (salvo en
casos extremos) son decisiones a
cara o cruz (o la empresa duplica su
valor o quiebra).
En un mundo tan competitivo y
cambiante como el actual,
no aceptar el riesgo es condenarse
al fracaso,
ya que otros competidores si lo
harán.
Es el riesgo de no querer correr
riesgos.
No se debe temer al fracaso.
Cuando se toman decisiones no
siempre se acierta; cuando esto
ocurre lo que hay que hacer es
aprender de los errores para tratar
de evitarlos en el futuro.
Cuando una decisión adoptada resulta
equivocada el líder no se hunde.
Analiza qué ha ido mal y trata de
tomar medidas para evitar que estos
fallos vuelvan a repetirse en el
futuro.
El líder mira siempre hacia adelante.
Por último, señalar que
el líder potenciará dentro de la
empresa una cultura de asunción de
riesgos.
Si la decisión resulta equivocada
pero estaba fundamentada no se
sancionará al empleado, incluso
habría que apoyarle en esos
difíciles momentos.
Lo que no se puede aceptar, bajo
ningún concepto, es que una persona
asuma riesgos con cierta ligereza,
"sin los deberes hechos".