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Todo el mundo pierde el tiempo. Es parte del ser humano. Cierto tiempo perdido puede ser constructivo porque ayuda a relajarse o a reducir la tensión; sin embargo, a veces esto puede ser algo frustrante, especialmente cuando se pierde el tiempo por hacer algo menos importante de lo que se podría estar haciendo.
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Desperdiciador de tiempo: Es cualquier cosa que impida que un emprendedor alcance sus objetivos de la manera más efectiva posible.
Desperdiciadores de tiempo Externos vs. Internos. Los DDT se dividen en externos, si son provocados por otras personas, o internos si son provocados por nosotros mismos.
Tratar de optimizar el uso del tiempo al llevar a cabo cada una de las actividades previamente planeadas, organizadas y priorizadas, con flexibilidad, pero sin perder nunca de vista el grado de avance hacia la consecución de los objetivos.
Es necesario que nunca olvidemos nuestros objetivos, pues si no los tenemos claros somos fácilmente manejables por cualquier evento que se presente, en cambio, si no los descuidamos siempre sabremos hacia donde dirigirnos.
Administración de tiempo/Como ocupar "tiempo muerto"
Para la mayoría de la gente el tiempo de espera es tiempo perdido. Sin embargo, con un poco de planeación y resolución, uno puede realizar varias actividades dentro de los minutos que gasta esperando al jefe o al médico. Podemos planear el trabajo de mañana, escribir una carta o buscar soluciones a algún problema que nos inquiete.
Ross Webber nos comenta: “Uno de los mejores en administradores de tiempo que conozco siempre lleva consigo tres carpetas dentro de su portafolios:
- Carpetas de beiges que contienen asuntos pendientes, tales como cartas por contestar o informes por revisar.
- Carpetas rosas que contienen proyectos en vía de elaboración, como pueden ser presupuestos, políticas, procedimientos, el plan de mercadeo, etc.
- Carpetas azules que contienen los sueños dorados para el futuro; cuando se tiene una idea luminosa se anota en la carpeta azul.
Si el tiempo de espera es largo estudia las carpetas azules para determinar cual de todas las ideas se puede convertir en el próximo proyecto y así transferirla a la carpeta rosa. En cambio si la espera es breve se dedica a procesar los aspectos más o menos rutinarios que encuentra en la carpeta beige”.
Lo anterior puede parecer exagerado, pero si estamos preparados para darle algún uso al tiempo que esperamos, podremos ir eliminando tareas o pendientes que no requieren de mucha atención y mucho menos de nuestro tiempo óptimo.
Otra forma práctica de ocupar dicho tiempo es llevar con nosotros un libro -delgado- o revista de nuestro interés. De esa manera aprovechamos cada "tiempo muerto" en aumentar nuestros conocimientos. Colocar una tarjeta telefónica usada a modo de separador nos ahorrará tiempo al buscar continuar nuestra lectura
1. Las personas y el cambio
Hoy existe un generalizado acuerdo acerca de que las organizaciones son organismos vivos e inteligentes, en el sentido de que tienen la posibilidad de evolucionar hacia maneras superiores de hacer y de ser. Estos atributos organizacionales son un derivado directo de la capacidad de las personas que las integran. Y lo que nos distingue a las personas de cualquier otro organismo viviente es nuestra capacidad de formular y cumplir promesas, a nosotros mismos y a los demás. Esta capacidad es la que nos permite coordinar acciones con otros y mejorar nuestros hábitos en el manejo del tiempo.
"El filósofo alemán Friederich Nietzsche sostuvo: "Los hombres son animales que hacen promesas"
Pero si de nuestra capacidad de cambiar de hábitos deriva la mejora de la administración del tiempo, es preciso que reconozcamos ciertas características contradictorias que asume el proceso de cambio en las personas.
La primera cuestión a considerar es que los seres humanos vivimos en un constante devenir, en un estado de incompletud e insatisfacción y que a lo largo de nuestra vida necesitamos buscarle sentido a nuestra existencia. Esta característica presupone que contamos con una natural fuerza impulsora hacia el cambio.
Pero en forma paralela, somos una gran fuerza conservadora que concibe al cambio sólo como una opción secundaria porque lo percibimos como una amenaza a nuestro núcleo básico de coherencia y estabilidad. Sin embargo, la necesidad de transitar el cambio es a menudo en sí mismo un intento por restablecer la misma coherencia y equilibrio de la fuerza conservadora personal que se ve amenazada.
Si adherimos a este enfoque, podemos reconocer que todo proceso de cambio desata una tensión entre las fuerzas restrictivas al cambio y las fuerzas impulsoras, pero cuando se dan condiciones adecuadas nuestras fuerzas personales impulsoras del cambio superan con creces a las fuerzas conservadoras que lo resisten.
2.
¿El huevo o la gallina?
La antigua fábula de Esopo, "La
Gallina de los Huevos de Oro", es un
excelente ejemplo para reconocer la
ecuación que toda persona u
organización debe resolver a cada
momento, el equilibrio entre lo
"Urgente" y lo "Importante", entre
el "Hoy" y el "Mañana".
La historia cuenta que un granjero
un día va al corral donde tenía a
sus gallinas y encuentra un
brillante huevo de oro. Aunque duda
de su suerte, decide llevar el huevo
a su casa donde comprueba que el
huevo es de oro auténtico. Desde ese
día, todas las mañanas el granjero
encuentra un huevo de oro debajo de
una de sus gallinas en el corral y
pronto se hace rico. Mientras
aumenta su riqueza, también aumenta
su impaciencia con los huevos que
pone la gallina. En un intento por
obtener todo el oro de la gallina de
una sola vez, la abre, pero no sólo
no encuentra nada adentro sino que
la mata. Con la muerte de la
gallina, sobreviene también la
desaparición de su riqueza.
Esta antigua fábula, mantiene
vigente el enorme desafío al que nos
enfrentamos hoy las personas: La
cuestión de la sostenibilidad y el
uso del tiempo.
"Muchas veces, al igual que el
granjero de la fábula priorizamos
los resultados a corto plazo (los
huevos de oro) y ponemos en riesgo
nuestro bienestar a largo plazo (la
gallina)"
Para responder a esta pregunta
necesitamos pensar en una manera de
manejar el tiempo que desplace a los
métodos tradicionales basados
primordialmente en la Urgencia y la
Eficiencia y alcanzar un nuevo
modelo que se asiente en la
Importancia y la Efectividad.
3. Los enfoques tradicionales de
administración del tiempo
La mayor parte de los enfoques
tradicionales para administrar del
tiempo están orientados por una
lógica de corto plazo. Estos
enfoques generan hábitos de
comportamiento cortoplacistas,
influenciados por la vigencia que
estos paradigmas tienen en nuestras
culturas familiares, escolares,
empresariales y comunitarias. Sus
métodos terminan provocando los
males y desequilibrios que
pretendemos evitar. Veamos algunas
de sus principales premisas y
limitaciones:
Eficiencia: la eficiencia
consiste en "hacer más en menos
tiempo". Pero el supuesto subyacente
es que la "cantidad" y la
"velocidad" son lo mejor. Existe una
diferencia vital entre eficiencia y
efectividad. Ya que hacer más
velozmente las cosas nos precipita
más rápido al abismo de la crisis si
antes no hemos verificado que
estamos en el camino correcto. Por
lo que llegar más rápido al lugar
equivocado puede ser "eficiente",
pero no resulta "efectivo".
Control: propone la idea de
que planificar y programar es
indispensable para controlar las
acciones de los demás. Pero pasa por
alto el hecho de que la mayor parte
del tiempo nos relacionamos con
otras personas a quienes no podemos
controlar. A poco de andar caeremos
en la cuenta de que lo único que
teníamos era la "ilusión de tener el
control" y que lo único que logramos
fue generar desconfianza. Porque la
confianza mutua es el principal
capital que puede tener una relación
personal o de trabajo y se basa en
la interdependencia no en el control
unilateral. Ya que mutuamente nos
necesitamos para obtener resultados
y la voluntad de control es probable
que acabe desintegrando la confianza
mutua primero y la relación después.
Chornos: la administración
tradicional del tiempo se ocupa del
tiempo chronos, vocablo griego que
define al tiempo cronológico, lineal
y secuencial. Ningún segundo vale
más que otro y el reloj maneja
nuestra vida. Pero la clave está en
el tiempo kairos: tiempo apropiado o
de calidad. La idea del tiempo
kairos radica en el valor que se
obtiene de él. No en la cantidad de
tiempo chronos invertido. La idea de
tiempo kairos, también deriva de la
antigua Grecia. Con este vocablo los
griegos definían al tiempo de
oportunidad para adelantarse a un
competidor en las competencias de
carros tirados por caballos. Por lo
que reconocer las oportunidades que
se nos presentan para nuestra
superación personal y aprovecharlas,
constituye un tiempo de calidad que
escapa a la medición secuencial del
tiempo chronos.
Valores: valorar significa
atribuirle a algo un valor relativo
mayor que a otras cosas que también
nos rodean. Los valores guían
nuestras elecciones porque creemos
en ellos. Pero la mera valoración de
algo no garantiza mejoras en nuestra
calidad de vida, si los valores no
se ajustan a los principios. Los
valores son subjetivos e internos,
los principios parecen ser objetivos
y externos. Existe una creencia
universal en principios tales como:
la justicia, la honestidad, la
bondad, la dignidad, la integridad,
el servicio, la calidad, la
paciencia, etc. Contrariamente a lo
que muchas veces creemos, estos
principios funcionan
independientemente de nuestra
voluntad y nos gobiernan.
Aunque por nuestra natural
imperfección humana no podamos
comportarnos totalmente de acuerdo
con ellos, igualmente desearíamos
vivir y ser tratados de acuerdo con
ellos. Cuando más en sintonía estén
nuestros valores con estos
principios, mayor felicidad y
significado tendrán nuestras vidas.
Contrastando esta afirmación con el
absurdo, podemos formarnos juicio
sobre su validez. Pensemos lo que
sería de una organización gobernada
por valores como la injusticia, la
mentira, la bajeza, la inutilidad,
el engaño o la mediocridad.
Administración: el modelo
tradicional se ocupa de la
administración, no del liderazgo. La
administración es útil cuando no
debemos salirnos del camino trazado.
Pero muchas veces los problemas no
son de administración, sino de
liderazgo y no es suficiente con
mantener firme el rumbo. En realidad
mantener firme el rumbo sólo empeora
las cosas. A veces hay que buscar
otros rumbos y esto significa
liderar.
Métodos: El modelo habitual
de manejar el tiempo, nos provee
métodos. Nos dice como hacer "bien"
las cosas. Si bien esto nos ayuda a
limitar la ansiedad que
experimentamos, también limita
nuestra libertad de acción
adormeciendo nuestros centros del
pensamiento creativo. Al renunciar a
la innovación quedamos esclavos de
nuestros paradigmas, en lugar de
hacer que los paradigmas estén a
nuestro servicio.
"Muchas veces en vez de tener
paradigmas, los paradigmas nos
tienen a nosotros"
A esto último, lo llamamos el
"efecto paradigma". Sobretodo si se
trata de un paradigma exitoso, es
probable que nos enamoremos de la
solución que nos proporcionó.
4. Un enfoque de efectividad para
el manejo del tiempo
El presente enfoque es uno de
efectividad (o sostenibilidad) para
el manejo del tiempo, superador de
la eficacia que sólo se preocupa por
el logro de objetivos sin evaluar la
relación costo – beneficio y también
de la eficiencia, que se ocupa de
optimizar el uso de los recursos sin
tener en cuenta a veces el recurso
fundamental: las necesidades de las
personas involucradas en el proceso.
La efectividad puede hacer la
diferencia en la calidad del clima
relacional superando el malestar
emocional que padecemos cuando
tenemos la sensación de correr a los
problemas siempre desde atrás,
atender sólo lo urgente, vivir de
crisis en crisis, etc.
Veamos entonces ahora, las premisas
y componentes de una administración
del tiempo efectiva:
5. La visión de futuro
Llamaremos visión de futuro a
nuestra aptitud para ver más allá de
la realidad actual y convertirnos en
algo que todavía no somos. La
existencia de una visión de futuro
es un elemento indispensable para
que exista la posibilidad de
superación personal y colectiva.
Nadie puede encontrar motivación
para superarse teniendo en cuenta
sólo su situación actual. Por lo
tanto, sin visión de futuro no hay
motivación y sin motivación tampoco
hay nadie que pueda mejorar su
manejo del tiempo. Por lo que si no
existe una visión de futuro o ni
siquiera un modelo aproximado que
nos impulse a imitar es
indispensable crearlo.
"Tener una visión de futuro nos
permite aventurarnos a ejercer
nuestro pensamiento creativo y no
simplemente responder a las
circunstancias actuales"
La visión es la certeza de haber
encontrado el destino correcto.
Puede asimilarse a la brújula que
nos marca el norte que necesitamos
sincronizar con nuestro reloj para
privilegiar las actividades que nos
mantengan dentro de la dirección
adecuada.
Cuando nuestra visión es limitada
–por ejemplo un horizonte de tiempo
de semanas o a lo sumo de un par de
meses-, basamos nuestras elecciones
en lo inmediato. También si nuestra
visión esta sesgada a una sola
esfera -social o económica, por
ejemplo- estas opciones nos pueden
llevar al desequilibrio y a la
frustración por olvidar otras
necesidades (mentales, espirituales,
etc.) La visión que sirve de base a
un cambio sostenible debe integrar
todos los roles de nuestra vida en
un equilibrio adecuado.
No se trata de triunfar en un rol a
expensas de los demás. La
sostenibilidad es equilibrio y el
equilibrio es conjunción ( y ), de
ninguna manera disyunción ( o ).
Podemos afirmar que si la
posibilidad de cambiar distingue a
las personas inteligentes de las que
no lo son, entonces la posibilidad
de lograr cambios efectivos,
diferencia a su vez a las personas
inteligentes de las que se destacan
por poseer rasgos de sabiduría.
6. Lo urgente y lo importante
Estas premisas también se adecuan a
las organizaciones, más allá del
tipo de organización que se trate:
empresas, instituciones sin fines de
lucro u organismos estatales. Porque
la noción de organización presupone
un doble significado: Primero, el
que identifica a un grupo de
personas que voluntariamente se
agrupan para desarrollar tareas a
través de las cuales esperan
transformar la realidad. Segundo, la
propia distribución y coordinación
de esas tareas y actividades.
Considerando este doble significado,
toda organización debe tomar
decisiones sobre 2 tipos de aspectos
a los debe integrar en un permanente
estado de equilibrio. Uno de esos
aspectos es la atención de lo
Urgente. Lo Urgente está dado por
las tareas y actividades que exigen
de nosotros una atención inmediata.
Podemos definir a la atención de lo
Urgente como toda tarea o actividad
en la que ejercitamos nuestra
capacidad de respuesta actual a los
desafíos que se nos presentan. Esta
capacidad se expresa a través de la
producción de resultados cotidianos
de una organización.
El otro aspecto a integrar es la
atención de lo Importante. Definimos
así a las actividades que se ocupan
de atender lo que da le da sentido a
la existencia a largo plazo a una
organización: Lo que constituye la
razón de ser o Misión. Al igual de
lo que pasaría en nuestro plano
personal, la definición de lo que
resulta Importante para una
organización, es lo que nos permite
trascender nuestra realidad actual
proyectándonos hacia el futuro. La
atención de lo Importante es toda
actividad que se ocupa de
desarrollar nuestra capacidad de
respuesta futura a los desafíos del
entorno. Si asimilamos el manejo del
tiempo a una balanza podríamos decir
que el equilibrio del sistema
dependerá del balance que se logre
entre la energía asignada a atender
lo Urgente y lo Importante.
7.La matriz de administración del
tiempo
Representar las variables en una
matriz de doble entrada, facilitará
no sólo la comprensión, sino que
además nos brindará una herramienta
útil para luego "vivir" el modelo
propuesto.
Cuadrante 1: Llamaremos a
este cuadrante Lo Urgente e
Importante. Caracterizado por ser
actividades que de no ser atendidas,
veríamos amenazada nuestra
existencia hoy: proyectos con fechas
de cierre y con tiempo límite,
vencimientos, resolución de
problemas inmediatos, etc. Toda
actividad que presiona sobre
nosotros y signifique una gestión
orientada a resolver problemas,
enfrentar crisis, etc. caracteriza a
este cuadrante.
Cuadrante 2: lo Importante,
No Urgente. Este cuadrante refiere a
aquellas cuestiones que si bien
están más lejanas en cuanto a
horizonte de tiempo para su
resolución, son las que permiten
nuestro aprendizaje y mejora a
futuro. En alguna medida, aprender
significa sacrificar parcialmente
nuestro bienestar actual en pos de
una mejora futura. Ejemplos son:
Planificar mejoras, capacitar,
prevenir riesgos, anticiparse a
tendencias, resolver conflictos
antes de que se transformen en
crisis, descanso y recuperación de
energías personales, etc. Lo
Importante, No urgente representa el
desarrollo de las capacidades para
mejorar la respuesta a desafíos
futuros.
Pero además este cuadrante y lo que
coloquemos en él, determina a todos
los demás: Sin Importante, no puede
haber Urgente. Poner primero, lo
primero (es decir lo Importante),
será nuestra consigna. Como estas
cuestiones están más lejanas en el
tiempo para su resolución, no
presionan sobre nosotros. Sino, que
nosotros debemos presionar sobre
ellas.
8. Los "Roba tiempos"
Pero también las personas invertimos
tiempo en actividades y tareas que
no corresponden a los Cuadrantes 1 o
2.
Llamaremos Roba tiempos a estos
verdaderos consumidores de nuestra
energía. A los Roba tiempos los
ubicaremos en nuestro esquema en:
Cuadrante 1: Lo Urgente, No
Importante: componen a este
cuadrante todas las interrupciones,
imprevistos, reuniones no
planificadas, etc. En general,
representan deseos y necesidades de
las demás personas que se
transforman en solicitudes
explícitas hacia nosotros y nos
distraen de las tareas de los
Cuadrantes 1 y 2. Ceder a estas
solicitudes es una tentación
constante ya que de ellas deriva
muchas veces nuestra popularidad y
aceptación personal frente a las
demás personas. Aunque podemos
comprobar que el costo de ceder,
significa postergar nuestros deseos
y aspiraciones. En mis cursos
ejemplifico este cuadrante con una
frase habitual entre nosotros: "Me
pasé todo el día ocupado, pero
siento que no hice nada de lo
importante que tenía previsto".
Cuadrante 2: Lo No Urgente,
No Importante: actividades de
evasión, trivialidades, ocio no
planificado, pérdidas de tiempo,
etc. Muchas veces, el pasar
demasiado tiempo en este cuadrante
puede acarrear una crisis por falta
de previsión y preparación adecuada
para enfrentar nuestros problemas.
La indiferencia o la culpa son
subproductos emocionales resultantes
de este cuadrante.
Gráfico de la Matriz de Manejo del Tiempo
|
|
Urgente |
No Urgente |
|
Importante
|
Cuadrante 1: Crisis, Presión, "Apagar Incendios", Fechas Límites, Problemas Acuciantes. |
Cuadrante 2: Planificación, Visión, Valores, Preparación, Recreación verdadera. |
|
No Importante
|
Cuadrante 3: Interrupciones Varias, Reuniones Imprevistas, Visitas Inesperadas. |
Cuadrante 4: Actividades de Evasión, Trivialidades, Pérdidas de Tiempo. |
9.
Privilegiar lo Importante, sobre lo
Urgente
Todas las personas -al igual que las
organizaciones-, acabamos en mayor
medida, transformándonos en el
objeto de nuestra atención,
recorriendo un trayecto de profecía
auto cumplidor: Si dedicamos la
mayor parte de nuestro tiempo a
pilotear tormentas y manejar crisis,
es probable que sólo por azar
podamos navegar en aguas calmas. Y
esto es lo que habitualmente sucede
cuando no conseguimos superar la
tendencia a atender sólo lo urgente
y enfocarnos sobretodo, en
planificar y atender lo importante.
Para superar esta riesgosa
tendencia, es necesario revisar
primero algunos esquemas de
interpretación de la realidad.
Particularmente, aquel que entiende
que ocuparse de planificar el futuro
es un privilegio reservado a
personas "exitosas" que atraviesan
una circunstancia tal, que les
permite disponer de tiempo y
recursos suficientes para hacerlo.
Pero en verdad, este razonamiento
invierte peligrosamente los
términos. Porque el éxito de una
persona u organización no deriva de
su circunstancia actual, sino que
más bien su circunstancia actual, es
el resultado de su comportamiento
anterior. Y si observamos a quienes
atraviesan hoy circunstancias
exitosas, veremos que dedicaron ayer
un espacio central para ocuparse de
lo importante, además de atender lo
urgente.
Por lo tanto la prioridad de quien
aspire a alcanzar efectividad, es
responsabilizarse por construir
desde hoy, los pilares de su futuro.
Paradoja: " Lo que resulta
verdaderamente urgente, es ocuparse
de lo importante."
10. ¿Podemos cambiar nuestros
hábitos?
Los hábitos son patrones de conducta
compuestos de tres componentes que
se superponen: Conocimiento (Saber),
Actitud (Querer) y Habilidad
(Poder). Debido a que son aprendidos
y no heredados, nuestros hábitos
constituyen nuestra segunda
naturaleza, no la primera.
Nuestros hábitos nos resultan muy
útiles, porque nos evitan tener que
empezar siempre "desde cero". El
problema radica cuando el hábito se
transforma de "una manera" de hacer
las cosas, en "la única" manera de
hacer las cosas.
La primera decisión que debemos
tomar para cambiar un hábito es
evitar definirnos a nosotros mismos
en términos de nuestros hábitos,
características y tendencias
actuales. Los hábitos de la
efectividad pueden ser aprendidos,
los de la inefectividad
desaprenderse. Como el éxito del
cambio de hábitos deriva
inicialmente de la relación que
establecemos con nosotros mismos, es
vital mejorar nuestras
"conversaciones privadas". Podemos
decirnos a nosotros mismos: "No
niego, ni reprimo mi estado
emocional actual por más negativo
que sea. Pero yo no soy mi emoción
dominante, si me lo propongo puedo
ejercitar mi capacidad para impedir
que este estado emocional negativo
me controle o me paralice". Si bien
resulta obvio que conversaciones
como estas no serán suficientes por
si solas para sostener un proceso de
cambio, es un punto de partida
indispensable para comenzarlo.
11. ¿Cuánto tiempo dedicamos a lo
Importante?
Fruto de mi experiencia como docente
en programas de capacitación y
procesos de coaching para líderes
empresariales y sociales, he podido
comprobar que la administración del
tiempo es uno de los factores clave
para la superación personal, y la
mejora organizacional y comunitaria.
Ya que las actividades del Cuadrante
2 (Importante, No Urgente) nos
proporcionan los aprendizajes más
significativos del cual se deriva
nuestro desempeño como líderes,
padres, maestros, etc. y del que en
definitiva, dependerá nuestro
bienestar y calidad de vida a
futuro.
Basado en esta comprobación he
formulado a no menos de 500 personas
en los últimos años preguntas sobre
sus hábitos en el uso del tiempo:
- ¿Cuánto tiempo por día dedican a
la atención de lo importante?
- ¿Qué espacio de su agenda reservan
a estas actividades?
- ¿Cuánto tiempo y esfuerzo están
poniendo para alcanzar el bienestar
y la mejora que desean?
Las respuestas son reveladoras para
los participantes ya que resulta
particularmente bajo el porcentaje
de esfuerzo personal que se dedica a
la planificación del futuro. También
perciben que resulta insuficiente
para sus propósitos el espacio
reservado a mejorar procesos de
trabajo o a clarificar los valores
compartidos. No sólo en comparación
con la predisposición a ocuparse de
cuestiones urgentes, sino que muchas
veces perciben que están equiparadas
las actividades de planificación,
con los Roba tiempos.
Estas respuestas resultan
preocupantes porque la gran mayoría
de las personas que participa ejerce
funciones de responsabilidad en sus
respectivas organizaciones, no son
los menos instruidos, ni tampoco los
peor remunerados, en términos
relativos. Tampoco reciben muchas
órdenes y más bien dicen tener
suficiente libertad para planificar
sus tiempos.
12. Puntos de partida para la
mejora
Si esto sucede con personas bien
intencionadas, productivas y
predispuestas al cambio, seguramente
fuerzas poderosas y que operan bajo
su nivel de conciencia y percepción
deben actuar para generar
inefectividad en el manejo del
tiempo. Por lo que es preciso
conocer las variables que debemos
manejar para enfrentar con éxito
cualquier proceso de cambio. En
primer lugar, es preciso asumir que
como personas nos encontramos
atravesando una situación dada,
referida a nuestra propia
experiencia personal y que esa
situación nos genera un nivel de
insatisfacción que ya no nos resulta
aceptable. Llamaremos a esta primer
variable Consciencia.
El otro aspecto, es nuestro grado de
dominio percibido sobre disciplinas
o saberes que nos permitan superar
de manera satisfactoria esa
situación dada. Llamaremos a esta
segunda variable Competencia.
De la interrelación de estas 2
variables, podemos establecer 4
fases del ciclo de cambio que bien
manejados y en forma progresiva,
pueden ampliar nuestra capacidad de
acción.
Al primero de ellos lo llamaremos
Ceguera, se caracteriza por combinar
el mínimo nivel de conciencia y de
competencia respectiva. En este
estadio ni siquiera somos capaces de
percibir ningún problema y por lo
tanto tampoco podemos aportar
soluciones: No sé, qué no sé es el
enunciado que caracteriza a este
primer estadio. A menudo es la
mirada de un observador diferente de
nosotros el que nos ayuda a
reconocer y atravesar esta fase,
hacia una evolución en nuestro nivel
de conciencia. En otras
oportunidades es la recurrencia de
haber pasado por repetidas
situaciones de frustración la que
puede llevarnos a indagar acerca de
lo que nos pasa y porque nos pasa.
Más allá del camino que nos lleve
hasta él, llamaremos Ignorancia a
esta segunda fase. La declaración de
ignorancia representa un avance en
la situación porque nos hace
conscientes de nuestra
incompetencia. Perdemos el bienestar
relativo del que disfrutábamos en la
fase anterior pero se abre ante
nosotros la oportunidad de hacernos
cargo de la situación y manejarla
productivamente. La ignorancia no
nos hace aún competentes, pero
representa una mejora en nuestro
estado de consciencia. Es preciso
aprender a tolerar cierto grado de
ansiedad e incomodidad para
transitar este cuadrante. Sé, qué no
sé, es el enunciado que lo define.
Pero aún es indispensable adosarle
competencia a este estado de
conciencia. Llamaremos a este
cuadrante que maximiza tanto la
consciencia como la competencia como
del Principiante (Sé, qué sé). Es el
cuadrante que requiere la mayor
dosis de esfuerzo, porque para poder
instalar los nuevos hábitos, es
preciso primero desinstalar los
anteriores. También es el espacio
donde ejercitamos nuestra mayor
dosis de pensamiento creativo. La
última fase del ciclo se alcanza con
la competencia inconciente o la
Expertise (No sé, qué sé). Los
nuevos hábitos despliegan su
efectividad, sin necesidad de darnos
cuenta que lo estamos haciendo. Así
nuestra capacidad de aprendizaje
queda en libre disponibilidad para
abarcar nuevas disciplinas o saberes.
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