
Libros Resumidos: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Stephen Covey |
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Liderazgo
y administración: las dos creaciones
El segundo hábito se basa en principios
de liderazgo personal, lo que significa
que el liderazgo es la primera creación.
Liderazgo no es administración. La
administración es la segunda creación,
que examinaremos en el capítulo sobre
el tercer hábito. Pero el liderazgo va
primero.
La administración se centra en el límite
inferior: ¿cómo puedo hacer mejor
ciertas cosas? El liderazgo aborda el
límite superior: ¿cuáles son las cosas
que quiero realizar? En palabras de
Peter Drucker y Warren Bennis,
«administrar es hacer las cosas bien;
liderar es hacer las cosas correctas».
La administración busca la eficiencia en
el ascenso por la escalera del éxito; el
liderazgo determina si la escalera está
o no apoyada en el lugar correcto.
Se puede captar rápidamente la
importante diferencia que existe entre
ambos conceptos pensando en un grupo de
productores que se abren camino en la
selva con sus machetes. Son los
productores, los que resuelven los
problemas, los que cortan la maleza y
limpian el camino.
Los administradores van detrás de ellos,
afilando los machetes, escribiendo
manuales de política y procedimientos,
llevando adelante programas para el
desarrollo muscular, introduciendo
tecnologías perfeccionadas y
estableciendo hojas de trabajo y
programas remunerativos para los
macheteros.
El líder es el que trepa al árbol más
alto, supervisa toda la situación, y
grita: «¡Selva equivocada!».
Pero, ¿cómo suelen responder los
ajetreados productores y
administradores? «¡Cállate! ¡Estamos
avanzando!»
Como individuos, grupos y empresas
estamos a menudo tan atareados cortando
maleza que ni siquiera nos damos cuenta
de que trabajamos en la selva
equivocada. Y el cambiante entorno en el
que vivimos hace del liderazgo efectivo,
hoy más que nunca, un factor crítico de
todos los aspectos de la vida
independiente e interdependiente.
Tenemos mayor necesidad de una visión,
una meta y una brújula (un conjunto de
principios o instrucciones), y menos
necesidad de un mapa de ruta.
Frecuentemente no sabemos cómo será el
terreno que tenemos que atravesar, o qué
necesitaremos para atravesarlo; mucho
dependerá del juicio que formulemos en
ese momento. Pero una brújula interna
siempre nos indicará la dirección.
La efectividad —y a menudo incluso la
supervivencia— no depende sólo del
esfuerzo realizado, sino también de que
se realice en la selva correcta. Y la
metamorfosis que tiene lugar en casi
todas las industrias y profesiones
requiere liderazgo primero y
administración después.
El mercado empresarial está cambiando
con tanta rapidez que muchos de los
productos y servicios que satisfacían
los gustos y necesidades del consumidor
hace unos pocos años ahora se han
quedado obsoletos. El liderazgo
proactivo enérgico debe controlar
constantemente el cambio ambiental, en
particular los hábitos y motivos del
cliente, y proporcionar la fuerza
necesaria para organizar los recursos
en la dirección correcta.
Cambios tales como la desregulación de
la industria aérea, los costos
astronómicos de los servicios sanitarios
y la mayor calidad y cantidad de
automóviles importados inciden de modo
significativo en el ambiente. Si las
industrias no controlan el ambiente, sus
propios equipos de trabajo y el
ejercicio del liderazgo creativo para
seguir avanzando en la dirección
correcta, ningún tipo de administración
experta podrá impedir que fracasen.
Una administración eficiente sin un
liderazgo efectivo es (según alguien lo
ha definido) «como alinear las sillas en
la cubierta del Titanic». Ningún éxito
administrativo puede compensar el
fracaso del liderazgo. Pero el liderazgo
es difícil porque a menudo caemos en
Paradigmas de administración.
Un
enunciado de la misión personal
El modo más efectivo que conozco de
empezar con el fin en mente consiste en
elaborar un enunciado de la misión,
filosofía o credo personales. Se centra
en lo que uno quiere ser (carácter) y
hacer (aportaciones y logros), y en los
valores o principios que dan fundamento
al ser y al hacer.
Mi amigo Rolfe Kerr ha expresado como
sigue su credo personal:
• Primero el éxito en casa.
• Busca y merece la ayuda divina.
• Nunca te comprometas con la
deshonestidad.
• Acuérdate de las otras personas
implicadas.
• Escucha a ambas partes antes de
juzgar.
• Pide consejo a otros.
• Defiende a los que no están presentes.
• Sé sincero pero terminante.
• Desarrolla una nueva habilidad cada
año.
• Planifica hoy el trabajo de mañana.
• Lucha mientras esperas.
• Mantén una actitud positiva.
• Conserva el sentido del humor.
• Sé ordenado en tu persona y en el
trabajo.
• No temas a los errores; teme sólo la
ausencia de respuesta creativa,
constructiva y correctiva a esos
errores.
• Facilita el éxito de tus subordinados.
• Escucha el doble de lo que hables.
• Concentra todas tus habilidades y
todos tus esfuerzos en la tarea que
tienes entre manos, sin preocuparte por
tu próximo empleo o tu próxima
promoción.
Al enunciado de la misión personal se le
puede denominar «constitución personal».
Lo mismo que la Constitución de los
Estados Unidos, en lo fundamental nunca
cambia. A lo largo de doscientos años,
han existido sólo veintiséis enmiendas,
diez de las cuales estaban ya en la
Declaración de Derechos.
La Constitución de los Estados Unidos es
la norma con respecto a la cual se
evalúan todas las leyes del país. Es el
documento que el presidente jura
defender y respaldar. Establece el
criterio para que a una persona se le
conceda o no la ciudadanía. Es el
cimiento y el punto de referencia que
permite al pueblo sobrellevar traumas
importantes como la Guerra de Secesión,
Vietnam o el Watergate. Es la norma
escrita, el criterio clave con
referencia al cual todo se evalúa o
dirige.
La Constitución ha perdurado y cumple
hasta el día de hoy con su función vital
porque se basa en principios correctos,
en las verdades evidentes por sí mismas
contenidas en la Declaración de la
Independencia. Esos principios le
otorgan una fuerza intemporal, incluso
en medio de la ambigüedad y el cambio
sociales. «Nuestra peculiar seguridad
—dijo Thomas Jefferson— reside en la
posesión de una Constitución escrita.»
En el nivel del individuo, un enunciado
de la misión personal bagado en
principios correctos representa el mismo
tipo de norma. Se convierte en una
constitución personal, en una base para
tomar las decisiones importantes acerca
de la orientación de la vida, y también
las decisiones cotidianas en medio de
las circunstancias y emociones que nos
afectan. Otorga a los individuos la
misma fuerza intemporal en medio del
cambio.
Las personas no pueden vivir en el
cambio si en su interior no persiste un
núcleo invariable. La clave de la
capacidad para cambiar es una idea
constante de lo que uno es, de lo que
persigue y de lo que valora.
Con un enunciado de la misión, podemos
fluir al ritmo del cambio. No
necesitamos preconcepciones o
prejuicios. No necesitarnos calcularlo
todo en la vida, estereotipar o
clasificar todo y a todos para modelar
la realidad.
Nuestro ambiente personal también está
cambiando a ritmo acelerado. Ese cambio
rápido es un clavo ardiendo en las manos
de muchas personas que sienten que no
pueden manejarlo, que no pueden afrontar
con éxito la vida. Se vuelven reactivas
y en lo esencial se rinden, confiando en
que las cosas que les sucedan habrán de
ser buenas.
Pero esto no tiene por qué ser así. En
los campos de concentración de los
nazis donde Víctor Frankl aprendió el
principio de la proactividad, también
aprendió la importancia de que la vida
tenga finalidad y significado. La
esencia de la «logoterapia», la
filosofía que más tarde desarrolló y
enseñó, dice que muchas de las
denominadas enfermedades mentales y
emocionales son en realidad síntomas de
una sensación subyacente de falta de
significado, o vacuidad. La logoterapia
elimina esa vacuidad ayudando al
individuo a detectar su significado
único, su misión en la vida.
Cuando se ha adquirido ese sentido de
misión, se posee la esencia de la
propia proactividad. Estamos en posesión
de los valores que dirigen nuestra vida,
de la dirección básica en virtud de la
cual establecemos nuestras metas a
corto y largo plazo. Contamos con el
poder de una constitución escrita
basada en principios correctos, que
permite evaluar efectivamente todas las
decisiones concernientes al uso más
efectivo del tiempo, del propio talento
y energía.
Cómo
redactar y usar un enunciado de la
misión personal
Cuando penetramos profundamente en
nosotros mismos y reorganizamos
nuestros paradigmas básicos para
ponerlos en armonía con principios
correctos, creamos al mismo tiempo un
centro efectivo que nos da poder y una
óptica clara a través de la cual podemos
ver el mundo. Podemos entonces centrar
esa óptica en el modo en que nosotros,
como individuos únicos, nos relacionamos
con ese mundo.
Frankl dice que no inventamos sino que
detectamos nuestra misión en la vida.
Creo que todos tenemos un monitor o
sentido interno, una conciencia moral,
que nos permite percatarnos de nuestra
singularidad y de las contribuciones
específicas que podemos realizar. En
palabras de Frankl: «Toda persona tiene
su propia misión o vocación específicas
en la vida... En ellas no puede ser
reemplazada, ni su vida puede repetirse.
De modo que la tarea de cada uno es tan
única como su oportunidad específica
para llevarla a cabo».
Cuando procuramos dar expresión verbal a
ese carácter único, de nuevo recordamos
la importancia fundamental de la
proactividad y del trabajo dentro de
nuestro círculo de influencia. Buscarle
a nuestra vida algún significado
abstracto en nuestro círculo de
preocupación equivale a abdicar de
nuestra responsabilidad proactiva, poner
nuestra primera creación propia en manos
de las circunstancias o de otras
personas.
Nuestro significado viene de adentro.
Para citar de nuevo a Frankl: «En última
instancia, el hombre no debe preguntar
cuál es el significado de su vida, sino
reconocer que él mismo es el
interrogado. En una palabra, cada
hombre es interrogado por la vida, y
sólo puede responder a la vida
respondiendo por su propia vida; a la
vida sólo puede responderle siendo
responsable».
La responsabilidad personal, o
proactividad, es fundamental para la
primera creación. Volvamos a la metáfora
informática: el primer hábito dice «Tú
eres el programador». A continuación, el
segundo hábito agrega: «Formula el
programa». Mientras uno no acepte la
idea de que es responsable, de que es el
programador, no se dedicará a formular
el programa.
Como personas proactivas, podemos
empezar a dar expresión a lo que
queremos ser y hacer en nuestras vidas.
Podemos redactar un enunciado de nuestra
misión personal, una constitución
personal.
Un enunciado de misión no es algo que se
escriba de la noche a la mañana.
Requiere una introspección profunda, un
análisis cuidadoso, una expresión
meditada, y a menudo muchos borradores,
hasta llegar a la forma final. Tal vez
pasen varias semanas o incluso meses
antes que usted se sienta realmente
cómodo con él, antes que lo vea como
expresión completa y concisa de sus
valores y orientaciones más íntimos.
Incluso entonces querrá revisarlo
regularmente y efectuar cambios menores
a medida que los años le procuren nuevas
comprensiones o traigan consigo nuevas
circunstancias.
Pero, en lo fundamental, su enunciado de
misión se convierte en su constitución,
en expresión sólida de su punto de vista
y sus valores. Pasa a ser el criterio
con el que se miden todas las otras
cosas de su vida.
Hace poco tiempo yo mismo terminé de
revisar mi propio enunciado de misión,
cosa que suelo hacer regularmente. Solo
en la playa, después de un paseo en
bicicleta, cogí mi borrador y empecé a
darle una nueva forma. Me llevó varias
horas, pero experimenté una sensación de
claridad, de organización y compromiso,
de regocijo y libertad.
Descubrí que el proceso es tan
importante como el producto. Escribir o
revisar un enunciado de misión es algo
que efectúa cambios en nosotros al
obligarnos a pensar en nuestras
prioridades con profundidad y cuidado,
y a alinear nuestra conducta con
nuestras creencias. Al hacerlo, otras
personas empiezan a sentir que no
estamos a merced de lo que nos sucede.
Uno tiene un sentido de misión acerca de
lo que está tratando de hacer, y ello le
entusiasma.
Continuar con el tercer hábito
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